
Hay momentos en la vida, que vale la pena recordar, que son triunfos, logros y alegría que han dejado en nuestras vidas buenos sabores de boca… también esta ese lado que nadie quiere (no le gusta) tocar el de los recuerdos archivados por la propia mente, por que son tristes, algunos desgarradores y muchos tantos dolorosos…
Hace unos ayeres fui integrante de un grupo juvenil de la iglesia católica y me interné en un retiro espiritual, no se si sea la fe de tanta gente reunida, los conferencistas, las puestas en escena, las platicas motivacionales o simplemente el “yo” interno que busca respuestas, pero, si funcionan.
Si bien es cierto que no sales siendo otra persona, sigues siendo tú, pero más humano, más solidario, más interesado en la vida y con esa seguridad para enfrentar problemas que se te presenten, sin mencionar que conoces mucha gente de tu misma edad que te entiende perfectamente…. Bueno, te estarás preguntando a que viene todo esto?...pues bien, creo que los seres humanos maximizamos nuestros problemas, los desbordamos y dejamos que salgan de nuestras manos, nos afecten emocionalmente y lo que es peor, que afecten a terceras personas; que culpa tiene la mama de que su hijo no haya tenido buena noche y amanezca enojado -ese tipo de detalles tenemos que trabajar desde el interior…
Empecé a escribir esto porque tengo una amiga que me dice y pregunta: “Alma, yo nunca te he visto enojada a ti, creo que eres una chava muy relajada y siempre estas sonriendo... ¿Tienes algún secreto para ser feliz?” Mi respuesta siempre es “NO ES SECRETO”, solo trato de mantener mi día y mi vida ocupada, confió en las personas, aprendo a escuchar, me rio de mi misma, me quiero y confió en mi, se lo que puedo lograr y cuanto me puedo proponer, amo lo que hago me apasiona y lo disfruto, eso es el secreto ya conocido por muchos “la confianza en uno mismo”.
Cuando yo me integré al grupo de Emaus (así se llama el grupo juvenil católico) pasaba una mala racha, tenia problemas familiares, no tenia confianza en mi, era insegura, en fin nadie en este mundo entendía que yo tenia “problemas”; para mi sorpresa dentro del grupo me di cuenta que no cabía ahí, mis “problemas graves” y yo, nos reducíamos a la máxima potencia comparado con mis compañeros que también buscaban sanar su lado interno, problemas de drogas, violaciones, muertes de padres, accidentes, divorcios, golpes, abandono, abusos, esos realmente eran PROBLEMAS; eran cicatrices marcadas en la piel y corazón de los que estaban ahí, me sentí ridícula… por Dios!, me ahogaba en un vaso de agua con mis problemas que no podía resolver y que solo era cuestión de comunicación (lo aprendí después claro esta). Que mi mama no me tenia confianza, que mi mama me comparaba con mi hermana, que mi mama me regañaba, que mi mama… bla, bla, bla; ahora entienden por que me sentí ridícula creyendo que tenia problemas graves, no lo pude evitar y lloré, di gracias por estar viva, por tener una familia, por contar con gente que me quería y que no me hacia daño… tuve que llegar a ese punto y compararme con gente que estaba sufriendo de verdad para darme cuenta que realmente tenia que sentarme y hablar con mi mama y mi familia, que tenia que conversar conmigo misma y valorarme, que la vida esta llena de experiencias y siempre hay un negrito en el arroz.
Fue una bonita experiencia, pero definitivamente no tenia que llegar a ese punto para revalorarme como persona, para abrir la conversación con mis papas, para amar a mi familia y la gente que me rodea, para dar gracias a Dios por lo que se me ha dado y si ahora me ven con una gran sonrisa, es por que me conozco, me quiero, confió en mi, amo la vida y automáticamente lo que te rodea cambia para bien.
¿Cuánto tiempo le estas invirtiendo a tus problemas? ¿Comprometerte contigo mismo es mucho pedir?
PD. Soy mujer y quiero agradecer a la vida por darme esa bendición, mujeres vivamos felices día a día, celebrando que podemos lograr lo que nos propongamos siempre.
con amor.... Alma